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MILTON STELARDO PDF Imprimir E-Mail
jueves, 10 de julio de 2008
MILTON STELARDO
(A noventa años de su nacimiento, colaboracion especial de nuestro ex- Director Don Julio Britos Bide)

 Milton Stelardo nació el 13 de julio de 1908 en la ciudad de Canelones, donde vivió toda su vida.  Falleció el 23 de diciembre de 2001.
Dedicado a la enseñanza, fue profesor en los Liceos de Canelones y de Florida. Culminó su carrera docente como Director de Liceo.  Fue Secretario del Concejo Departamental, Director de la Biblioteca Municipal y Ministro de la Corte Electoral. Miembro de la Academia Nacional de Letras.
Obras: "La Demorona y Otros Cuentos" (1968); "La Monteadora y Otros Cuentos" (1976); "Cuentos" (1980); "Cuentos" (1986); "Relatos del  Lago" (1988); "El Crimen y la Maldición y Otros Cuentos" (1995); "Una voluntad y Otros Cuentos" (1997); "Cuentos Selectos" (1999) y "El Arao Viejo" (1999).
"El Arao Viejo" contiene la totalidad de los cuentos de Milton Stelardo publicados en libros, revistas, diarios y periódicos desde 1960 a marzo de 1999. En esa edición se han introducido adiciones y correcciones del autor.  En sus últimos años Milton tuvo una asidua relación con el Diario HOY CANELONES, a raíz de lo cual tomamos a nuestro cargo la coordinación de la edición de esta obra.  Posteriormente a la publicación de este libro, Stelardo publicó algún otro cuento en el diario local.

Distinciones y Premios obtenidos en Concursos por el Autor

"El País" 1972/  Instituto Cultural Uruguayo Argentino 1962/  "Ciudad de Tacuarembó" 1967/  Ministerio de Educación y Cultura 1971, 1979 y 1985 Intendencia Municipal de Montevideo 1974 y 1978/  Premio Cooperativa Magisterial "José Pedro Varela" 1975/ Intendencia Municipal de Canelones 1979.

Un lugar entre los Clásicos Uruguayos

Así titulaba "HOY CANELONES" con fecha 13 de mayo de 1999 que luego informaba: “El escritor Milton Stelardo ha entrado al selecto grupo de autores cuyas obras han sido publicadas en la Colección Clásicos Uruguayos de la Biblioteca Artigas..."
Al inicio del prólogo de "Cuentos Selectos", dice el escritor Juan Carlos Urta Melián: “Exaltado por una singular obra narrativa, ingresa Milton Stelardo, por medio de este volumen de la Biblioteca Artigas, a ese Olimpo bibliográfico de la cultura nacional que es la Colección de Clásicos Uruguayos.  Y lo hace con todos los honores.  El juicio consagratorio de una crítica severa y exigente lo respalda.
El artículo del diario local, finaliza con estas palabras de Stelardo: “... Me siento muy honrado porque estando vivo han seleccionado mis cuentos para incluirlos en los clásicos uruguayos.

El último cumpleaños de Milton

El 13 de julio de 2001, participamos en la salita de su casa de un encuentro amical en el que participaron también, entre otros, los escritores Juan Carlos Urta Melián y Julio Da Rosa,  el historiador Aníbal Barrios Pintos y el Dr. José Luis Florio, autor de varias carátulas de los libros del autor.
Milton estuvo acompañado por su hija, y por su secretaria Alicia, que en los últimos años de su vida, ya enfermo, se había convertido en su mano derecha y en intérprete entre el escritor y sus interlocutores.
Julio Britos Bide

El Fragmento de "Vasco Toño" que, a continuación compartimos, es representativo de las altas calidades artísticas del autor, que homenajeamos en esta página:

A media mañana de un sábado de noviembre arribó al muelle de la estancia de Máximo Tajes, sobre el Santa Lucía, el lanchón que traía al General.  El 23 de ese mes era su cumpleaños y deseaba pasarlo allí.  Formaban la escolta el Comandante Núñez, un oficial y cuatro soldados.  Antes de atracar, el General, de pie sobre el puente, miró despacio los contornos.  Mientras amarraban dijo sonriente:
-Estamos de fiesta.
El Comandante se extrañó.
-¿Por qué de fiesta, mi General?
-¿Y no ve cómo brillan los montes y el río después de la lluvia de anoche?
El otro, muy adicto a la vida campera, se abrió en una sonrisa de leche rajando el ahumado de la cara.
-¡Cierto!  Todo luce sereno y brillante como una clarinada.
Cuatro gauchos aindiados llegaron a recibirlos y aunque carecían de uniforme se cuadraron e hicieron la venia.  Tajes respondió y enseguida ajó el entrecejo para mirar a la distancia.
-¿Y aquel revuelo en la orilla?
Todos se volvieron.  Hacia la barra de La Lista un grupo de personas aplaudía y vivaba en torno a una figura que emergía del agua.  Uno de los gauchos, de facciones charrúas, sonrió apenas.
-¡Ah!  Reciben al Vasco Toño que ganó otra apuesta cruzando el río con una barreta de cantero de vara y media, atada al hombro…Frente al patio abierto al norte, donde Antonio hizo la promesa de traer al potro, rodeaban a Tajes, la escolta, la peonada y muchos vecinos.  El bagual apareció entre las rocas, al trote cansino, con el Vasco pegado al flanco izquierdo y asido con la diestra de las crines como para montarlo si amagaba carrera.  Ya se oían los vítores y aplausos.  Pero a medida que se acercaba la pareja, se extendía el silencio.  Cuando llegó a treinta varas del grupo no se oía más que el canto jubiloso de los montes.  Y se detuvo.  Todo quedó quieto y asombrado.  Al fin Iturria miró a Tajes sin soltar las crines y manteniendo el látigo vertical ante los ojos del bruto.
-¡Aquí lo tenés!  ¡Para tu santo!
Al sonreír, el General hizo una seña y se adelantó para felicitar al vasco.  Cuatro peones se abalanzaron para manear de manos al potro.  Otros dos, montados, lo embozalaron y se lo llevaron apareado.  Tajes exclamó:-¡Tenías que ser tú, agalludo de ley! ¡Qué regalo me haces!
Iturria cortó el elogio y se achicó de hombros…Perdida entre los espectadores una muchacha menuda, venciendo apenas la timidez, se empinaba para mirar la escena.  El Vasco la vio y desde entonces no tuvo ojos más que para ella.  Aunque asediado por los admiradores trató de acercársele.
-Nastasia... Nastasia...

-¿Mokokaldi, General?  ¿Qué pasa?
Tajes disimulaba mal el enojo.  Miró duramente al vasco.
-¡Qué va a pasar!  ¡Ya tuvieron que contarte que me llevo a Anastasia!
Iturria adelantó el pie derecho.
-¡Hablarte d'eso vengo!
-Mi mujer la precisa. No encuentra mayordoma como ella.
Hubo un silencio molesto.  Al fin Antonio bajando los ojos dijo como para escucharse él solo.
-Nastasia es... l'único que tengo.
Y luego, mirando a Tajes.
-A apadrinar esbontza... mi casorio, creí que venías.
Tajes hamacó la cabeza.
-Debe marchar conmigo.
Iturria apretó los puños.

Caía entre carmín y oros la tarde de verano.  El General y su escolta ya se embarcaban para regresar a Montevideo.  Sobre las aguas quietas, pegado al muelle, roncaba sordo el lanchón vaporero manchando con sus bocanadas negras la ingenua turquesa del cielo.  Antonio y Anastasia llegaban para despedir.  La nave comenzó a abrir un surco de cristal verdoso.  Tajes y el Comandante, desde el puente, hizo la venia.  Iturria se quitó la boina hacia adelante, arrastrando un mechón despeinado que le tapó la frente.
-General... aquí estar siempre parado tu amigo Turria... para servirte entero en lo que mandar gustes, General... y a tu señora mujer Asensión, ¡gran respeto! la saludas por mí.
Hizo dos reverencias y quedó quieto.  Tajes y Núñez miraba la costa que se alejaba.  Sobre la piedra más alta del muelle, el vasco era una estatua.  A su izquierda y más baja, la Colla Anastasia casi no se veía.  El oro yacente de la tarde le nimbaba apenas la cabeza.  Al virar la nave para tomar hondura Tajes vio al medio sol poniente fulgurando entre las piernas abiertas de Iturria.  Y oprimiendo el codo de Núñez.
- Mire... Antonio parece jinetear al sol.
Al otro, el asombro le agrandó la cara.
-¡Cierto, caray!
Pensó un instante y enseguida largó de lleno:
-¡Oh...! ¡Y es capaz, nomás!
Milton Stelardo


Fe de erratas.  En nuestro artículo anterior, análisis y comentario de "Cultura & Contracultura" del Dr. Ramón Legnani dice: por Martín Bentancor, debió decir por Gerardo Molina.





 
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