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¿Dónde se enteraron primero? |
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sábado, 12 de abril de 2008 |
¿Dónde se enteraron primero? Esto parece una de esas publicidades de algunos servicios informativos, en los que se hace culto de la primicia. Y esa especie de “autobombo” admito que nos afecte un poco, ya que no podemos olvidarnos de que tenemos algunas debilidades, como humanos que somos.
Cualquiera que haya visto informativos, escuchado radios o leído las
noticias generadas en nuestro país este último fin de semana, se habrá
enterado de la visita de Nicholas Negroponte, que fue recibido por el
mismísimo presidente de la república, y entrevistado por varios medios.
Nuestros lectores habituales, corrían con la ventaja de saber de quién
se trataba, y por eso lo del título: hace ya unos años que venimos
escribiendo acerca de la importancia de este personaje en el mundo de
la Informática, y en el mundo a secas. Ello no quiere decir que hagamos
apología de sus prédicas, ni que coincidamos en un todo con él. Pero
evidentemente es alguien que no se puede obviar, como lo fue Seymour
Papert en su momento, el siempre presente Umberto Eco, o el mismísimo
Bill Gates.
Pero como no podemos pretender de que usted, que ahora está leyendo
esto, sea un fiel seguidor de estas páginas, vamos a contarles algunos
datos de la vida de este señor, que entre otras cosas, desarrolló el
plan de alcance mundial que está llenando de computadoras nuestras
escuelas, y sobre todo, los hogares uruguayos. Especialmente, los más
humildes, con el impacto a mediano y largo plazo que eso puede tener.
Hemos recurrido a una biografía de Nicholas Negroponte, y la fuente es
un sitio de Internet llamado Baquia. Arranca diciendo que es el
Director del MIT (Media Lab), lo que significa Instituto Tecnológico de
Massachussets, y si se nos pide que nombremos a un gurú, lo normal es
que pensemos en Nicholas Negroponte, reconocido agitador del mundo
digital y de sus implicaciones en la economía y la sociedad del futuro.
Un auténtico visionario del mundo que se nos viene encima y que plasmó,
en el ya lejano año de 1995, en una obra convertida en objeto de culto
por la facción más lanzada de los tecnófilos: Being Digital (en
castellano, EL MUNDO DIGITAL, aunque debería ser EL SER DIGITAL o
SIENDO DIGITAL).
Lo cierto es que el Sr. Negroponte suele ir algo lejos en sus
profecías, que en ocasiones parecen más propias de la ciencia-ficción
que del análisis del futuro, por lo que hay quienes no tienen reparos en apodarlo «Nutty Nick», que se podría traducir como «Nick el Chiflado». Y si hay algo que le place especialmente es exponer esas profecías en las conferencias en las que habitualmente participa en los más recónditos rincones del planeta ante audiencias variadas pero siempre ansiosas de recibir aunque sea una sola chispa de su ingenio. Claro que a mí también me haría ilusión si como él cobrara por una horita de charla la friolera de US$ 80.000, más gastos: viaje en primera clase, suite en hotel de cinco estrellas, automóvil con chofer a su permanente disposición. No sé si en nuestro país fueron esas las tarifas, y en caso de haberlo sido, quién las pagó, pero no me van a negar que es un trabajo interesante... Y luego todas esas entrevistas a los medios de comunicación que hacen cola durante horas para charlar con él antes y después de las conferencias. En los países desarrollados cobra más de US$ 15.000 cada una. Acá tal vez haya hecho precio. Lo cierto es que en muchas de sus intervenciones no sorprende, porque muchas de sus afirmaciones son ampliamente conocidas y se han podido oír en cientos de ocasiones. Pero tampoco defrauda, porque deja ir muchas de esas perlas que lo han colocado en lo más alto del podio de los tecno-evangelistas y que sin duda la audiencia extraña si el bueno de Nick se reprime. Pero también, y justo es reconocerlo, Negroponte demuestra sus cualidades de habilísimo orador, cualidades nada extrañas en conferenciantes estadounidenses. Igualmente, tiene la sabiduría de adaptar gran parte de su discurso a las circunstancias del lugar y de los asistentes, disertando sobre cuestiones tan actuales, y locales. Y por supuesto demuestra habitualmente sus raíces latinas al señalar en varias ocasiones, aunque lógicamente con otras palabras, eso tan mediterráneo de «ya lo decía yo hace tiempo». Opina, entre otras cosas, que pareciera que el fenómeno Internet, ya eclosionado y consolidado (lo que no dice es dónde), parecía haber agotado ya la capacidad de generar sorpresa. Pues no, porque en su opinión todavía quedan dos grandes sorpresas en torno a la Red. La primera es la distribución geográfica de los usuarios: recordó que, hace diez años, los profesionales del sector cometían el craso error de reírse de sus predicciones de que, en diez años, habría 1.000 millones de internautas, y le decían que eso era absolutamente imposible. Pues bien, ahora que se ha superado ese hito, tienen el atrevimiento de cometer otro error pensando de forma diferente a él, porque Negroponte cree que el crecimiento del número de usuarios a partir de ahora va a darse en los países en desarrollo. Una conclusión para la que no habrá tenido que sudar demasiado si se piensa que sólo se puede ser convertir en internauta quien aún no lo es. Se cae de maduro que difícilmente el crecimiento puede venir de los países cuya población ya está mayoritariamente conectada. Por otro lado, tiene muchas veces como caballito de batalla el famoso informe de Forrester sobre las diferencias internáuticas entre el norte y el sur de Europa. Piensa el gurú de Boston que los países mediterráneos y latinos, y de forma muy particular España (dadas sus conexiones con América Latina) disponen de una ventaja cultural sobre los países de tradición nórdica a la hora de adoptar las nuevas tecnologías y especialmente Internet. Destacando que hay mucho que hacer todavía para mejorar las infraestructuras de comunicaciones, también aplaudió todo lo que se está haciendo en esa dirección. Según Negroponte, lo digital se corresponde mucho mejor con lo latino, ya que ambos tienden a la descentralización, que con lo nórdico. Y ello es debido a tres rasgos de los países sureños cuya formulación, si se fijan, no está exenta de ingenio: 1) El enorme respeto que existe por el ciudadano de a pie (the small guy) por el individuo y, en la economía, por las microempresas. 2) La relevancia de la economía sumergida, que posee un espíritu mucho más dinámico que la oficial, y que se asemeja más al que existe en el comercio electrónico. En este sentido, la economía sumergida habría servido como «entrenamiento» para la economía digital 3) La falta de respeto por la autoridad en los países latinos («sana falta de respeto», se apresura a aclarar mirando de reojo a los gobernantes que asisten a sus charlas), que es algo inhabitual, por ejemplo, en países como Alemania y Japón Específicamente, no duda en hablar de las excelentes perspectivas de América Latina, dado que disponen no sólo de un idioma común, sino de una población joven y unas economías ciertamente con desafíos importantes pero que, incluso en los peores casos, no figuran entre los 50 países más pobres del planeta. Menos mal. También destacó la ventaja de la cultura tolerante y descentralizada de Brasil para convertirse en plaza fuerte del Internet futuro. «If you can do the samba, you can do the Internet», ha dicho textualmente para corroborar esta opinión. “Si ustedes pueden hacer el samba, pueden hacer Internet” Y resta una pregunta para este humilde mortal preocupado por las cosas nuestras: ya que en Brasil habla del samba, ¿habrá descubierto que el candombe es nuestra base para el Plan Ceibal?¿O será la milonga?
JOSÉ ALFREDO FERNÁNDEZ SANDE
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